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sábado, 8 de octubre de 2011

Un viaje al país de Las Lechiguanas - 2


Segunda parte

En esta segunda entrada sobre el viaje a Las Lechiguanas, nos agrada sobremanera publicar un poema sobre las islas cuya autoría pertenece a Vicente Jorge Cúneo, hoy reconocido artista plástico entrerriano y que fuera durante cuatro años, maestro rural en el mismo centro de estas islas, la intersección de los arroyos Lechiguanas y Los Hornillos. La sensibilidad y amor por las islas de Vicente, se ve reflejado tanto en su poema como en las imágenes pictóricas y fotográficas, también de su autoría, algunas de las cuales ilustran esta página. Vicente, mucho más que acompañarnos en el viaje que hiciéramos a las islas en el mes de agosto, fue un guía en la relación con los pobladores quienes, a pesar del tiempo transcurrido lo seguían recordando, a tal punto, que lo recibían como a un amigo de visitas habituales.
 

Las Lechiguanas
 
Islas, las del dulce encanto,
de horizonte leve, de azul infinito;
con cielos sangrantes en atardeceres;
con sedientos sauces que mece el “remanse”
y zorzales de canto demorado y grave.
Revelas dos caras, cual la vida misma,
apacibles aguas en quietas estampas
o crecido avance que todo lo arrasa;
reflejos que copian la frondosa orilla
u oleaje impetuoso que golpea y espanta.
Tendí la mirada en toscos veranos,
me quedé en zumbidos de néctar, ufano;
bebí en el bullicio de alegres bandadas,
anduve senderos de juncos bravíos
embriagado en brillos de piel y de escama.
Hoy renacen memorias de apacibles horas;
será verte de nuevo, entrar en tu flora
de savia continua, quedar extasiado,
rendido al embrujo de tu nombre eterno
que renueva dicha de ser pronunciado.
Islas, las del dulce encanto…
¡Verte de nuevo, déjame soñarlo!...

Vicente Jorge Cúneo, Gualeguay, enero de l985.
"Latitud Sur", Itinerario de un sentimiento.Paraná, 2007.

 





Vicente Cúneo conversando con pobladores de Las Lechiguanas en el reciente viaje

miércoles, 18 de mayo de 2011

El poeta Juanele Ortiz en el Parque Quintana (Fotografías)



El busto de Juanele Ortiz parece reproducir la contemplación del poeta frente al parque tal como seguramente ocurría cuando habitaba la casa situada enfrente al paseo y al río Gualeguay.

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martes, 1 de febrero de 2011

Carlos Mastronardi (Poeta)

 




Recuerdos de su infancia en Gualeguay (1901-1914)















Tuvimos un gran árbol, para un barrio su efluvio.
Adentro iba una voz disponiendo esplendores
y en los patios duraba la sombra de los nuestros…
Entonces, los regalos venían de los montes.

La dicha entretuvimos mirando unas amigas.
Lentas, bajo sombrillas de colores, llegaban
a pasar con nosotros un cariñoso día
de manos ocurrentes y flores visitadas.

Son recuerdos. Ese árbol queriendo todo el patio,
aquellos que no vuelven a su sombra, otras voces,
las tardes que venían oliendo a campo. Lejos
quedaron, con la vida reservada de entonces.
……………………..
 Luz de Provincia (Fragmento)
de Conocimiento de la noche (edición de 1956)



…….
   En aquellos lejanos días, mis paseos no respondían a ninguna voluntad de ofrenda. Por imperio de la edad, todo era juego desaprensivo y contemplación gratuita. El 7 de octubre de 1910, hacia el anochecer, miré el cielo apagado. Mis ojos se detuvieron en su luz purísima. Había llovido por la mañana, pero las nubes, al apartarse, dejaban ver el azul delicado de la altura. Aquel cielo me atrajo como si fuera la intimidad de una persona extraordinaria y remota. El suave color del espacio se fue borrando en la hora fría, pero de alguna manera persiste en mí. Como era el día de mi cumpleaños, y acababa de recibir un telegrama congratulatorio de mis padres, que estaban en Buenos Aires, y como el agasajo acentuaba mi nostalgia, ese antiguo crepúsculo se fijó en la memoria de su testigo. Desde un patio, sí, como quien advierte por primera vez que la caducidad y la hermosura van juntas, miré el cielo mortecino de aquel 7 de octubre.

Unos meses antes había mirado el cometa Halley, visitante celeste que me despertó durante dos o tres madrugadas. En efecto, se me llamaba en la alta noche para que lo viera, pues no otra cosa quería mi curiosidad, mi afición a lo prodigioso. Esa presencia astral me lleva a pensar en los inviernos de antes, de los cuales nos defendía un brasero de bronce –lo rodeaba una vasta circunferencia de madera donde descansaron mis pies- en cuya hondura el fuego era vívido y alegre.

   En los hermosos días me era dado ganar la fronda y conocer las afueras. Con otros chicos, una fresca tarde de verano, pasé frente a una casa que estaba en el linde del pueblo; a través del alambrado vi un viejo caballo blanco que pacía en el traspatio agreste. Causaba la impresión de haber quedado allí para siempre, como si ningún poder humano o divino pudiese perturbarlo. No lejos del animal inmóvil estaba sentado un hombre de edad…

Fragmento de Las fiestas y los héroes, capítulo III de Recuerdos de un Provinciano

 
Carlos Mastronardi, nació en Gualeguay en 1901 y falleció en Buenos Aires en 1976, donde vivió gran parte de su vida, trabajó como periodista y concretó su obra poética, plena de juegos de la memoria con presencia nostálgica de la vida rural y provinciana, la reflexión sobre el mundo real y el paso del tiempo.


Bibliografía:
Poemas, antología de Carlos Mastronardi, Selección y estudio de Jorge Calvetti, EUDEBA, Bs. As. 1966.
Mastronardi, Carlos, Recuerdos de un Provinciano, Ediciones Culturales Argentinas, Bs. As. 1967.
Fotografías del archivo del Museo Ambrosetti de Gualeguay, procesadas y retocadas digitalmente 
por Jorge Surraco.


jueves, 20 de enero de 2011

Juan L Ortiz (Poesía)

Juan L. Ortiz es, para muchos, la voz fundamental de la poesía argentina del siglo XX.
Por Jorge Surraco


Muy poco conocido por los lectores en general pero sí, por muchos poetas que abrevan en esa poesía tan personal y única.
"...nunca me interesó mucho que me conozcan. Creo que la poesía es un oficio en el que hay que depositar todo lo que tiene uno y derramar las palabras". Dice el mismo Juanele en una conversación con José Tcherkaski, editada a su vez en un LP en 1969 y un CD en 1999, cuya carátula se incluye en esta página.



El mismo Tcherkaski dice en la presentación del CD, que "...su poesía es cada vez más austera y despojada, de mayor proyección metafísica... sus motivos permanentemente repetidos: el alma de la naturaleza, la luz, el río, la luna, el otoño, la memoria".
  


Toda su poesía y su pensamiento están imbuidos del budismo y del taoísmo, singularidad que se acentúa en el viaje que realiza a China en 1957, especialmente invitado.

 



Pero no sólo le interesan las culturas orientales, sino que también indaga en las culturas precolombinas y sus ritos, especialmente la guaranítica, cuya influencia puede detectarse en su última producción poética.

 

Entre 1933 y 1958, publica con la ayuda de amigos y suscriptores, diez libros con su obra poética, muy difíciles de hallar por la poca cantidad de ejemplares de cada edición y además porque son guardados como reliquias por quienes los poseen.
En 1970-71, se publican en Rosario sus Obras Completas hasta ese momento, en tres tomos, edición también difícil de hallar . En 1996, la Universidad del Litoral, reeditó toda su Obra Completa, ampliando la anterior pero quedando poemas aún inéditos y muchos perdidos en episodios confusos durante la última dictadura militar. En el año 2002, la editorial Losada publica una antología. Existen otras ediciones de circulación más reducida.


Lo conocí personalmente unos meses antes de su muerte, a raíz de un cortometraje que presenté en Paraná y que cometía la impertinente y pretenciosa osadía de interpretar su poesía. Pude comprobar su grandeza y amplitud de espíritu, al mostrarse tolerante con lo que le mostraba, si bien, pude darme cuenta al mismo tiempo, que sólo había pasado a años luz de sus esencias, pese a los años que llevaba leyendo su poesía.
Esto pasó en enero de 1978. Quedamos vernos nuevamente en octubre, su mes preferido, el mes de mayor diafanidad en Entre Ríos y otro de sus temas recurrentes. Quedamos en vernos para hacer otra película y yo poder aprender algo de su poesía. Un mes antes, el 2 de septiembre, prefirió adelantar su partida para encontrarse quizá con Lao Tse, Chuang Tse, Li Po, tal vez  Mao Tse Tung y por qué no el mismo Buda, para hablar de poesía, que para ellos es hablar de filosofía, de religión, de la naturaleza y de política.


Había nacido en Puerto Ruiz, Gualeguay, Entre Ríos, en 1896 y falleció en Paraná, Capital de la misma provincia, en 1978.
Las fotografías de Juan L. Ortiz pertenecen a Ernesto Silva, Luis Montpellier y Esteban Courtalón.