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miércoles, 28 de enero de 2015

Minas de plata en la costa del río Gualeguay



¿EL REY BLANCO EN GUALEGUAY?


Por el Profesor Gustavo R. Cichero

Existen en el pasado momentos olvidados que fueron en su tiempo, promesa de fortuna o de un posible cambio en la vida de un pueblo o de una región.
¿Verdad? ¿Fantasía? ¿Fábula de aventurero o persecución de un sueño?

En el siguiente trabajo de Gustavo Cichero podemos apreciar uno de esos anhelos que hubiese cambiado el destino de la ciudad de Gualeguay.

Jorge Surraco-editor


La “Leyenda del Rey Blanco”, es una de las primeras ficciones que circuló en estas latitudes del continente americano, después de la llegada de los españoles.
El nacimiento de esta leyenda, hay que remontarlo al viaje de Juan Díaz de Solís.
En 1516, el explorador español Juan Díaz de Solís, llegó al Río de la Plata, al que bautizó con el nombre de "Mar Dulce", pero su expedición no pudo afincarse, porque fue sorprendida por un ataque aborigen que los diezmó.

 Los sobrevivientes emprendieron el regreso a España, pero frente a la isla de Santa Catalina, en Brasil, naufragó una de las carabelas, salvando su vida y quedando en esta isla, 18 tripulantes. Uno de ellos, Alejo García, se convirtió en jefe del grupo y se relacionó con los aborígenes, los que afirmaban que remontando el río Paraná existía un reino, tan abundante en plata, que su monarca adornaba completamente su vestimenta con ese metal, y por ello se lo denominaba “El Rey Blanco". 

 Posteriormente al viaje de Solís, aproximadamente diez años después, el expedicionario Sebastián Caboto, rescató a uno de los 18 sobrevivientes y éste le contó sobre las riquezas que contenía una "Sierra de la Plata", en el nacimiento del río Paraná.
Tentados por el relato, Caboto y sus hombres, buscaron la Sierra de la Plata y las Tierras del “Rey Blanco”, pero jamás dieron con ellas.
De regreso en España, la leyenda se difundió tan rápidamente, que despertó el inmediato interés de los aventureros por visitar “El Nuevo Mundo” y así buscar al poderoso rey. Con este objetivo, otros conquistadores, como Pedro de Mendoza, Juan de Ayolas, Domingo Martinez de Irala y Alvar Núñez Cabeza de Vaca, intentaron, sin éxito alzarse con las riquezas.

Pero, ¿cómo se vincula Gualeguay con esta leyenda?
Hace 145 años atrás, en 1863, el profesor español Francisco Narvarte, radicado en nuestra ciudad, encontró lo que los expedicionarios españoles habían buscado sin éxito: ¡PLATA! Inmediatamente escribió al gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, comunicando el hallazgo. Así informaba: “Presento a registro una mina de mineral argentífero, que he descubierto en virtud de investigaciones practicadas desde el punto denominado Puerto de los Barriles – actual Parque Int. Quintana -, margen del río Gualeguay […] El terreno donde se han practicado las primeras investigaciones  del mineral debe ser de los baldíos que corresponden al Estado. […] de los ejemplares que se han levantado, que se hallan a flor de tierra, tratados por ensayos metalúrgicos, resulta que un botón metálico de ocho onzas de ley común, produce cuarenta gramos plata, unos cuarenta y siete kilogramos por cada cien kilogramos plomo metal consta del documento del análisis químico cuantitativo, practicado en el laboratorio de Burdeos […]1  

 Urquiza, interesado por el informe, concedió la mina a Narvarte y envió un veedor al lugar, que notificó: “Parece resultar que la ciudad de Gualeguay estuviera rodeada de una zona AURÍFERA, más o menos extensa, de aluviones y creaderos, cuya extensión, calidad, cantidad y valor de sus metales solo podrá calcularse con la práctica, auxiliada de la ciencia de que hoy se carece” 2

El tiempo pasó y otros acontecimientos que pusieron en juego la institucionalidad de nuestro país, sepultaron en el olvido la posibilidad de contar con el rico metal precioso.


REFERENCIAS
1 - BERNALDO DE QUIRÓS, Mario. “Hay plata en el Río”. Diario La Mañana. Gualeguay. Viernes 13 de septiembre de 1940. Pág. 1
2 – Idem.

FUENTES

* BERNALDO DE QUIRÓS, Mario. “Hay plata en el Río”. Diario La Mañana. Gualeguay. Viernes 13 de septiembre de 1940. Pág. 1

*VICO, Humberto P. Historia de Gualeguay T 1. Santa Fe. Editorial Colmegna. 1972. Págs. 156-160.



lunes, 25 de agosto de 2014

“LA MAÑANA”, UN DIARIO DE GUALEGUAY



Por el Lic. Gustavo Cichero

De los diarios existentes en Gualeguay, en el segundo cuarto del siglo XX, merece ser recordado <<La Mañana>>, destacado por ser fue el único que registró con los mayores detalles posibles, la crisis internacional sufrida durante la ‘Segunda Guerra Mundial’ (1939-1945), prestando atención a las distintas corrientes de información. Así, fue posible que convivan en el mismo diario dos agencias contrapuestas: Saporiti, cuyo corresponsal era Adrián Patroni y Roma Press, de la que Tomás Milani era su corresponsal. La primera claramente aliadófila y la segunda pro fascista.


 

Ambas agencias ocupaban la primera página de este diario, que solo contaba con una totalidad de cuatro páginas, de las cuáles tres se destinaban a artículos informativos y publicidades y una cuarta – la página dos – exclusivamente a avisos comerciales.
 










Antonio Arena, director de este matutino, lo fundó 
el 18 de marzo de 1932 y tenía como fin la publicación de noticias honestas y veraces. Destacaba <<El Litoral>> de Concordia, que era el diario dirigido por Arena, “De tendencia conservadora, política y socialmente [defiende el catolicismo y] opone la salud de su propaganda al sarampión del izquierdismo demagógico […]”(1)

Arena, no era un novato en la materia. Se inició en el periodismo en 1911, en la mesa de redacción del diario <<El Debate>> de Gualeguay, para alcanzar en 1919 la jefatura de dicho medio. Fue reconocido y considerado por sus colegas, como uno de los más grandes y prestigiosos periodistas de Entre Ríos, colaborando en la prensa provincial y nacional.
Tiempo después, fundó un semanario literario y social, llamado <<Nuevos Horizontes>>.
Más tarde, se separa de <<El Debate>> para fundar <<La Mañana>>. (2)  A lo largo de sus años de existencia, el matutino se definió a favor de los preceptos marcados por la Iglesia Católica. Así lo transmitía a su público lector:


 “[…] nos colocamos dentro de la Iglesia Católica: aceptamos todos sus dogmas seguimos sus orientaciones religiosas y sociales y esto basados no en su habitual sagacidad de ubicación histórica, sino en su carácter divino y en la infalibilidad de sus enseñanzas”.(3)


Al cumplir su octavo aniversario de vida, en 1940, afirmaba que:
 “[…] hemos realizado dentro de la medida de lo posible, el programa de bien público que nos impusiéramos, sirviendo con probidad los intereses morales, espirituales y materiales de la sociedad, bajo el gran lema de Dios, Patria y Hogar”. (4)

Hacia 1943, el diario, que resistía una fuerte competencia de sus colegas, - <<El Debate>>, <<El Día>>, <<Justicia>> y <<Atalaya>> - estaba constituido por tres personas: Antonio Arena, Carlos P. Carrera y Benigno Sánchez.
         
<<La Mañana>>, desapareció en 1944, cuando la Sociedad Anónima de Responsabilidad Limitada <<Adelante>> adquirió el diario <<El Debate>>, siendo contratados como Jefe de Redacción Antonio Arena y Administrador Benigno Sánchez. (5)



 REFERENCIAS 
1) LUQUE, Antonio de.  “La Mañana es un Vocero de la Argentinidad" La Mañana. N° 1483. Gualeguay, domingo 27 de marzo de 1938. Pag. 1 Col. 2.
2) Cf. Anón.  “Treinta años de labor periodística”. La Mañana. N° 2377.
Gualeguay, jueves 17 de abril de 1941. Pag. 1, Col. 1 y 2 y pag. 4, col. 2.
3) Anón.  “La palabra la tiene el pueblo”.La Mañana. N° 1749. Gualeguay, Sábado 18 de febrero de 1939. Pag. 1 col, 1.
4) Anón. “La Mañana”.La Mañana, N° 2071. Gualeguay, miércoles 20 de marzo de 1940. Pag. 1, col. 2.
5) Cf. Anón. “El Debate”. La Mañana. N° 3136. Gualeguay, Viernes 30 de junio de 1940. Pag. 1, col. 2 y 3.


martes, 24 de junio de 2014

Delitos en Gualeguay hacia 1891



Por el Profesor Gustavo cichero

Si bien la ola de delitos en nuestro país nos viene afectando desde larga data, en los últimos tiempos la inseguridad creció y la violencia recrudeció. Gualeguay no ha estado ajena a esta problemática y a diario podemos corroborar la existencia de delitos menores como otros de gran importancia.
Estos hechos nefastos, para muchos son novedosos y para los nostálgicos, antes no sucedían o en su defecto la autoridad policial resolvía los casos a la brevedad y con rigor. Sin ánimo de justificar nuestro presente, es importante conocer nuestro pasado, para saber que la situación ha sido preocupante desde mucho tiempo atrás.

Una plana del semanario
 "La Reacción", un semanario que existió en Gualeguay en la última década del siglo XIX, atendió esta problemática en varias notas, destinando un lugar especial a la Policía. Antes de leer las citas del diario, es preciso informar que ‘La Reacción’ defendía los principios políticos de la Unión Cívica, mientras que nuestros dirigentes municipales y policiales respondían al Conservadurismo.
 
Actualmente, en pleno siglo XXI, muchos vecinos de Gualeguay cuestionan el accionar de la policía. Hace más de cien años atrás la prensa también lo hacía. En ‘La Reacción’ del 4 de enero de 1891 se lee: “Nuestro vecindario ha visto con sorpresa las medidas de fuerza que la policía ha empleado contra algunos jóvenes distinguidos de nuestra sociedad [...] Lo que es censurable desde luego, es el rigor empleado por la autoridad al conducirlos a la cárcel y encerrar a algunos de ellos en calabozos, donde hay criminales […] Estas medidas abusivas que solo tienden a humillar al vecino pacífico no conducen a otra cosa, que a desprestigiar la misma autoridad, haciéndola odiosa para el pueblo […] Bueno es que los hechos referidos no se reproduzcan para honor de nuestra ciudad y porque la que más se desprestigiaría, sería la autoridad misma”. (1)

Después de un mes de publicado este artículo, el semanario destaca el accionar de la policía, asegurando que ha comenzado a tomar medidas moralizadoras contra “gente de vida airada”. Seguidamente, reconoce que “por ese camino es como conseguirá que el pueblo la respete y obtenga de la prensa independiente el aplauso sincero”. (2)

Dos meses después, en abril del mismo año, el señor Pedro Bordato denunció en la Policía que de su campo ubicado en el 8vo. Distrito habían robado mil quinientas ovejas. Sobre el hecho dice el semanario: “La policía se halla en la obligación de adoptar con todo rigor y actividad las diligencias que el caso reclama a fin de dar con el autor o autores del hecho denunciado, y devolver así la tranquilidad al vecindario” (3)

Veinte días después de denunciado el hecho por Bordato, ‘La Reacción’ publicó un nuevo artículo relacionado con el tema, descalificando el accionar de la fuerza pública. Así lo expresa: “Hasta ahora nuestra policía no ha conseguido averiguar ni el paradero de las ovejas que le fueron robadas al estanciero Dn. Pedro Bordato, ni mucho menos descubrir el autor o autores.
Tratándose de un robo de consideración y en el que es fácil obtener los indicios y medios necesarios para llegar a la completa averiguación del hecho, no es recomendable para la policía el resultado nulo que ha alcanzado hasta la fecha.
Más actividad y diligencia, señores encargados de la seguridad pública. Es preciso tener en cuenta que no se cree posible, o por lo menos fácil que mil y tantos animales lanares puedan desaparecer de un momento a otro sin dejar rastro alguno”. (4)


Referencias

1) Anón.  “Proceder Censurable”. La Reacción. Gualeguay, domingo 4 de enero de 1891.

2) Anón.  “Medidas policiales”. La Reacción. Gualeguay, domingo 22 de febrero de 1891.

3) Anón. “Robo de ovejas”. La Reacción. Gualeguay, domingo 19 de abril de 1891.

4) Cf. Anón. “El Robo de ovejas”. La Reacción.. Gualeguay, domingo 10 de mayo de 1891.

martes, 4 de febrero de 2014

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS SOCIALES Y CULTURALES DE GUALEGUAY HACIA 1810



Por el Prof. Gustavo Cichero


Hasta 1810, la ciudad de Gualeguay llevaba una vida distante, al margen de lo que ocurría en el resto del virreinato, pero la revolución sucedida en Buenos Aires cambió su ritmo, pues fue activa participante con su caudillo Bartolomé Zapata.

A pesar de que la revolución sirvió para integrarnos en una causa común, la geografía dificultaba las comunicaciones con el principal centro poblacional y cabeza del Estado que estaba emergiendo.

En este contexto surgieron los caudillos, líderes naturales que supieron representar los intereses de los más desposeídos, como eran los gauchos. Con ellos, protagonistas de la independencia, nacieron las guerras internas. Los intereses centralistas de Buenos Aires mostraron la exclusión del Litoral, el cual se unió bajo la dirección de José Gervasio Artigas con la denominación de Liga de los Pueblos Libres, teniendo nuestra provincia como principal referente a Pancho Ramírez.


Al mismo tiempo, la economía ganadera se desarrollaba junto al comercio fluvial del cuero y el cebo, hacia el puerto de Buenos Aires.
En esta época, la gente común comenzaba su día con la salida del sol y se acostaba cuando este se ocultaba. Se trabajaba tranquilamente, produciendo en la casa todo lo necesario para la subsistencia. Tanto varones como mujeres acompañaban sus días con el mate y los más humildes vestían ropas sencillas y sus comodidades eran mínimas, aunque siempre estaban dispuestos a hospedar al visitante que se aproximara a la vivienda.

Como en toda la provincia, eran comunes las reuniones sociales entre familias amigas para bailar y dialogar.
Una de las más populares, era “[…] el velorio del angelito,[…] [al que concurren] familiares, vecinos e invitados, que durante varias noches matean, comen, beben, bailan y cantan en distintas casas, cuyos dueños piden prestado el cadáver, por supuesto ya putrefacto para continuar el velorio”.(1)
 

En una comunidad fuertemente católica como la nuestra, no podían faltar las fiestas religiosas, siendo las que predominan en esta etapa. Según registra el historiador provinciano Juan A. Segura en su “Historia Eclesiástica de Entre Ríos”, el vecino de Gualeguay, Casiano Calderón describe las características de la celebración de Semana Santa en 1822, ocupando el centro de la misma, la actual Plaza Constitución, escenario de sermones y procesiones. Según el autor, la fiesta religiosa se caracterizó por el silencio y ayuno absoluto, no dando lugar a ningún tipo de festejos, según el concepto contemporáneo, hasta la Pascua de Resurrección, cuando las campanas sonaban fuertemente y se quemaban algunos fuegos artificiales. (2)

Además de la Semana Santa, la fiesta del Santo Patrono revestía igual importancia. Por lo que sabemos, en localidades de otras provincias, como Santa Fe, Córdoba o Buenos Aires, los Cabildos realizaban una gran inversión para animar la festividad, con coros y músicos. No ocurre lo mismo en Entre Ríos, donde la pobreza de los Cabildos imposibilitaba tal gasto. (3)


En estas décadas transcurridas, no hay documentos escritos sobre Gualeguay, que registren bailes y danzas. Es preciso considerar, que quizás no se dejó testimonio escrito, pero también es posible que hayan sido una excepción, teniendo en cuenta la vida complicada que llevaba la ciudad, sumergida junto a todo el territorio en una profunda guerra civil.  El antecedente escrito que posiblemente dio lugar a este tipo de realizaciones, fue la orden que emitiera el gobernador de la provincia, coronel Lucio Mansilla, quien determinó que a partir de 1822 debía celebrarse el 25 de mayo.

No sería descabellado pensar que en nuestra ciudad se ejecutaran instrumentos musicales y bailaran danzas, considerando que en Paraná los festejos duraron tres días, desde el 24, extendiéndose hasta el 27 de mayo, donde por primera vez hubo una participación masiva de los vecinos. En la capital de la provincia, los festejos fueron importantes y la música a cargo de una retreta militar y las danzas, guardaron un lugar especial, como así también un baile oficial en la Casa de Gobierno. (4)
En el caso de Gualeguay, la banda militar se formó a partir de que Urquiza en 1849 contrató a dos músicos italianos: Casalino y Vinelli. (5)


CITAS:
 (1) REULA, Filiberto. Historia de Entre Ríos. T 1. Santa Fe. Edit. Castellvi S.A. 1963. Pág.103
(2) Cf. GIANELLO, Leoncio. Historia de Entre Ríos (1820-1910). Paraná. Talleres de la imprenta de la provincia. 1951. Pág. 164
(3)Idem. Pág. 161
(4) Cf. PÉREZ COLMAN, Cesar B. Paraná, 1810-1860. Los primeros cincuenta años de la vida nacional. Rosario. Talleres gráficos de Emilio Fenner. 1946. Págs. 97-98
(5) REULA, Filiberto. Ob. Cit.. Pág.272

Prof. Gustavo Cichero

domingo, 4 de agosto de 2013

Las múltiples caras del Libertador 1



Los retratos literarios y pintados del General San Martín 1

Por Jorge Surraco Ba

Oleo de José Gil de Castro-Chile.1818
             De todos nuestros próceres, probablemente don José Francisco de San Martín y Matorras, sea el más retratado visual y literariamente hablando. Creemos que quién puede acercársele o quizá superarlo, sea  el libertador que concluyó la obra iniciada por el argentino. El también nuestro: Simón Bolívar. Precisamente, el retrato de Bolívar que acompañó a San Martín en su exilio, fue pintado por su hija Merceditas.
            Pero es muy difícil para nosotros hacernos una idea cabal de cuál era la fisonomía de José de San Martín; de cuál era su presencia física. Más difuso queda, tener un concepto apropiado de sus expresiones faciales, pero datos y referencias no faltan para que intentemos una aproximación a su figura. Tarea complicada porque los retratos pintados difieren bastante de uno a otro y algo similar pasa con los retratos escritos.
 
Grabado de Cooper-Londres 1921
Trataremos de hacer un repaso de las principales descripciones que se han hecho, a cargo de quienes lo han conocido personalmente. De allí surgirán rasgos coincidentes en la apreciación de los testigos. Pero otros serán relativamente contradictorios. Aparecen características físicas como su estatura y corpulencia, con tendencia general hacia la armonía de proporciones: la oscuridad de su piel, que debe haber sido muy mentada aquí después de su exilio, pues Juan Bautista Alberdi se asombra de no ver al indio que había formado en su mente. Su voz, que era varonil, baja y bien manejada al hablar; y, sobre todo, la particularidad de sus ojos: "La mirada terrible", como escribió Vicuña Mackenna. “Tienen un fuego y animación que se harían notables en cualesquiera circunstancias", dice un testigo: ''negros rasgados y penetrantes'", complementa otro; yuna mujer —desafecta a San Martín, por otra parte— apunta que sus ojos "tienen una peculiaridad que solo había visto antes una vez en una célebre dama: son oscuros y bellos pero inquietos: nunca se fijan en un objeto más de un momento, pero en ese momento expresan mil cosas" (Mary Graham, 1822).[1]
Miniatura de José Gil de Castro-Chile-1817

De los retratos pintados de San Martín que conocemos, podemos inferir la preocupación que tuvieron sus autores, por fijar la particularidad de su mirada, quizá casi imposible de plasmar en una pintura. Se menciona también su sonrisa cautivadora y se dan referencias de su gesticulación, como el fragmento en el que Jerónimo Espejo relata el golpe del dedo sobre el botón desabotonado del subalterno, o el “¡Eh, Está usted”, acompañado de una vibración en sus dedos, como para ver si lo han comprendido.

Nos detendremos en esta oportunidad en los retratos literarios que lo describen físicamente para, más adelante, trabajar sobre los retratos pintados, que si bien ya disponemos de una buena cantidad de reproducciones diferentes, aspiramos a lograr en un tiempo, sino la totalidad existente, por lo menos un número que se le aproxime. En cuanto a los aspectos morales y conductuales, mucho se ha publicado hasta el hartazgo por lo que no es objeto de nuestro interés por el momento.
 
Miniatura anónima-Lima 1822
Así lo vio un agente del gobierno norteamericano
“Tiene, según creo, 39 anos; es hombre bien proporcionado, ni muy robusto ni tampoco delgado, más bien enjuto; su estatura es de casi seis pies, cutis muy amarillento, pelo negro y recio, ojos también negros, vivos, inquietos y penetrantes, nariz aquilina; el mentón y la boca, cuando sonríe, adquieren una expresión singularmente simpática. Tiene maneras distinguidas y cultas y la réplica tan viva como el pensamiento.”[2] Worthington, así se llamaba el agente de Estados Unidos, que lo entrevistó antes de la batalla de Maipú.

De un oficial británico que combatió por la causa americana
“San Martín es alto, grueso, bien hecho y de forma marcadas: rostro interesante, moreno, y ojos negros rasgados y penetrantes. Sus maneras son dignas, naturales, amistosas, sumamente francas, y que disponen infinito a su favor. Su conversación es animada, fina e insinuante, como la de un hombre de mundo y de buen trato.”[3]  Guillermo Miller era el oficial británico que combatió para los americanos (vaya a saber por qué), lo conoció en Chile en 1818.
 
Miniatura de Wheeler-Londres-1823
Un comerciante inglés lo describe así
         “. . .Me impresionó mucho el aspecto de este Aníbal de los Andes. Es de elevada estatura y bien formado, y todo su aspecto sumamente militar: su semblante es expresivo, color aceitunado oscuro, cabello negro y grandes patillas sin bigote: sus ojos grandes y negros tiñen un fuego y animación que se harán notables en cualesquiera circunstancias.”[4]  El comerciante inglés, Samuel Haigh Residió diez años en América del Sur. Llegó a Buenos Aires en 1817 y al año siguiente conoció a San Martín.

Un marino de la Real Armada Británica
         “Junio 25 de 1821. — Hoy tuve una entrevista con el general San Martín a bordo de una goletita de su propiedad, anclada en la rada del Callao…
Litografía de Nuñez de Ibarra
…A primera vista había poco que llamara la atención en su aspecto, pero cuando se puso de pie y empezó a hablar, su superioridad fue evidente. Nos recibió muy sencillamente, en cubierta, vestido con un sobretodo suelto y gran gorra de pieles, y sentado junto a una mesa hecha con unos cuantos tablones yuxtapuestos sobre algunos barriles vacíos. 

Es hombre hermoso, alto, erguido, bien proporcionado, con gran nariz aguileña, abundante cabello negro, e inmensas espesas patillas obscuras que se extienden de oreja a oreja por debajo del mentón; su color era aceitunado obscuro, los ojos, que son grandes prominentes y penetrantes, negros como azabache; siendo todo su aspecto completamente militar. Es sumamente cortés y sencillo, sin afectación en sus maneras, excesivamente cordial e insinuante, y poseído evidentemente de gran bondad de carácter; en suma, nunca he visto persona cuyo trato seductor fuese más irresistible.”[5] Basilio Hall, marino escocés que recorrió las costas del Pacífico en la época de la guerra de la independencia.
 
Oleo de Mariano Carriles-Lima 1822
A un señor sueco le gustó muy poco
            “…San Martín es hombre de estatura mediana, no muy fuerte, especialmente la parte inferior del cuerpo, que es más bien débil que robusta. El color del cutis, algo moreno con facciones acentuadas y bien formadas. El óvalo de la cara alargado, los ojos grandes, de color castaño, fuertes y penetrantes como nunca he visto. Su peinado, como su manera de ser en general, se caracteriza por su sencillez y de apariencia muy militar. Habla mucho y ligero sin dificultad o aspereza, pero se nota cierta falta de cultura y de conocimientos de fondo… Con los soldados sabe observar una conducta franca, sencilla y de camaradería. Con personas de educación superior a la que él posee, observa una actitud reservada y evita comprometerse… 
 
Miniatura anónima sin fecha
Algo difícil de fiarse en sus promesas, las que muchas veces hace sin intención de cumplir… Trabaja mucho, pero en detalles, sin sistema u orden… Hay motivos para reprocharle no haber actuado con energía…”[6]  Jean Adam Graaner se llamaba este señor sueco que conoce a San Martín en mayo de 1818, en Buenos Aires, en un viaje que hace el Libertador, luego de triunfar en las batallas de Chacabuco y Maipú. ¿Es posible que este dato de dos batallas ganadas que aseguran la independencia de dos países y el conocido cruce de los Andes, hayan motivado una visión negativa del héroe? (¿O sí?).

Continúa en la entrada siguiente


[1] Diario La Prensa de Buenos Aires del 25 de febrero de 1978.
[2] Worthington, W.G.D., El día de Maipú; Incluido por José Luis Busaniche en San Martín visto por sus contemporáneos, Buenos Aires, 1942, pag. 104.
[3] Miller, Guillermo
[4] Haigh, Samuel, Bosquejo de Buenos Aires, Chile y Perú,
[5] Hall, Basilio, El general San Martín en el Perú, Incluido por José Luis Busaniche en Estampas del Pasado, t.1, Hyspamérica, Buenos aires, 1986.
[6] Graaner, Jean Adam, Las provincias del Río de la Plata, Incluido por Busaniche, idem ref. 5.

Las múltiples caras del Libertador 2 (continuación)



Los retratos literarios y pintados del General San Martín 2

Por Jorge Surraco Ba


Dos oficiales de su ejército lo vieron de esta manera
Oleo atribuido a la Prof de Mercedes-1829
         “El general San Martín era de una estatura más que regular, su color moreno, tostado por las intemperies; nariz aguileña, grande y curva: ojos negros, grandes y sus pestañas largas; su mirada era vivísima, que al parecer simbolizaba la verdadera expresión de su alma y la electricidad de su naturaleza; ni un solo momento están quietos aquellos ojos: era una vibración continua la de aquella vista de águila; recorría cuanto le rodeaba con la velocidad del rayo, y hacía un rápido examen de las personas, sin que se le escaparan aun los pormenores más menudos. Este conjunto era armonizado por cierto aire risueño, que le captaba muchas simpatías. EL grueso de su cuerpo era proporcionado al de su estatura, y además muy derecho, garboso, de pecho saliente, tenía cierta estructura que revelaba al hombre robusto, el soldado de campaña. Su cabeza no era grande, más bien era pequeña, pero bien formada: sus orejas eran medianas, redondas y asentadas a la cabeza, esta figura se descubría por entero, por el poco pelo que usaba, negro, lacio, corto y peinado a la izquierda, como lo llevaban todos los patriotas de los primeros tiempos de la revolución. 

Litografía-Génova 1850
Su boca era pequeña: sus labios de regular grueso, algo acarminados,[1] con una dentadura blanca y pareja; usó en los primeros años un pequeño bigote y patilla corta y recortada; ésta fue su costumbre general, desde que fue de intendente a Mendoza. Lo más pronunciado de su rostro eran unas cejas arqueadas, renegridas y bien pobladas. Pero en cuanto fue ascendido a general, se quitó el bigote. Su voz era entonada de un timbre claro y varonil, pero suave y penetrante, y su pronunciación precisa y cadenciosa… 
Litografía de Madou-1828

…Su traje, por lo general, era de una sencillez republicana, Vestía siempre en público el uniforme de granaderos a caballo, el más modesto de todos los del ejército, pues no tenía adornos ni variedad de colores i como otros cuerpos usaban en aquel entonces.

Su vestido familiar dentro de casa, era una chaqueta de paño azul larga y holgada, guarnecida por las orillas y el cuello con pieles de marta de Rusia, y cuatro muletillas de seda negra a cada lado para abrocharla por delante; en invierno, un levitón o sobretodo de paño azul hasta el tobillo, con bolsillos a cada costado a la altura de la cadera, y por delante, botonadura dorada para abrocharlo; y de ordinario, usaba una cachucha[2] de pieles de marta de Rusia también, con un galón de oro angosto en la visera. Con el mismo levitón, solía salir otras veces, a la calle, en los días fríos y lluviosos, pero con elástico y con sable.” 
General Jerónimo Espejo




 El coronel Manuel Antonio Pueyrredón, oficial del Ejército de los Andes, es quien lleva originalmente al papel esta descripción. Años después, el general Jerónimo Espejo, la tomó para su libro “El paso de los Andes”. El hecho de que Espejo integrara el ejército de San Martín, da cierto matiz de veracidad a esta descripción.[3]






Litografía de Madou-Bruselas 1827

El encuentro con Juan Bautista Alberdi
         “…Entró por fin, con su sombrero en la mano, con la modestia y apocamiento de un hombre común, ¡Qué diferente le hallé del tipo que yo me había formado, oyendo las descripciones hiperbólicas que me habían hecho de él sus admiradores en América! Por ejemplo; yo le esperaba más alto, y no es sino un poco más alto que los hombres de mediana estatura. Yo le creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado; y no es más que un hombre de color moreno, de los temperamentos biliosos. Yo le suponía grueso, y sin embargo le que lo está más que cuando hacia la guerra en América me ha parecido más bien delgado; yo creía que su aspecto y porte debían tener algo de grave y solemne; pero lo hallé vivo, fácil en sus ademanes, y su marcha, aunque grave, desnuda de todo viso de afectación. Me llamó la atención su metal de voz, notablemente gruesa y varonil. Habla sin la menor afectación, con toda la llaneza de un hombre común…
Así lo vio Alexander Clark-Londres 1829

         …Su bonita y bien proporcionada cabeza, que no es grande, conserva todos sus cabellos, blancos hoy casi totalmente; no usa patilla ni bigote a pesar de que hoy los llevan por moda hasta los más pacíficos ancianos. Su frente, que no anuncia un gran pensador, promete sin embargo una inteligencia clara y despejada; un espíritu deliberado y audaz. Sus grandes cejas negras suben hacia el medio de la frente, cada vez que se abren sus ojos llenos aún del fuego de la juventud. La nariz es larga y aguileña; la boca, pequeña y ricamente dentada, es graciosa cuando sonríe: la barba es aguda.
Estaba vestido con sencillez y propiedad: corbata negra atada con negligencia, chaleco de seda negro, levita del mismo color, pantalón mezcla celeste, zapatos grandes. Cuando se paró para despedirse, acepté y cerré con mis dos manos la derecha del grande hombre que había hecho vibrar la espada libertadora de Chile y del Perú.”[4] El primer encuentro de Alberdi con San Martín, se produjo durante 1843, en la casa de un amigo en París.
 
Uno de los 2 daguerrotipos de 1848
            Esperamos haber contribuido a reunir las distintas descripciones físicas escritas del General San Martín, para que puedan ser comparadas y que los lectores puedan formar “su” imagen visual del Libertador. Por nuestra parte quedamos con la intención de reunir la mayor cantidad de retratos pintados, muchos de los cuales son muy conocidos y otros no. Al respecto vale consignar que San Martín, además de ser una figura relevante de nuestra historia patria, forma parte también de la historia de la fotografía. Recordemos que en 1848, fue retratado en dos oportunidades, por la novedosa, en ese momento, técnica del daguerrotipo.



[1] Acarminados: que tiene color de carmín.
[2] Cachucha: especie de gorra
[3] Diario La Prensa de Buenos Aires; El retrato del General San Martín, 25 de febrero de 1978.
[4] Alberdi, Juan Bautista,